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Asegura el historiador y periodista Ramón Jiménez Fraile (Vitoria, 1957) que a raíz de los descubrimientos de la expedición Magallanes-Elcano, Entre 1519 y 1522, Deberíamos haber llamado a nuestro planeta Agua, en vez de Tierra. La conquista de aquellos mares inmensos, que cubren dos tercios el globo terráqueo, y la entrada en contacto con los pueblos situados en los lugares más remotos, pusieron en marcha el proceso de globalización. Por ello, 500 años después de esta aventura, la Fundación «la Caixa» promueve visitas de divulgación histórica a bordo del velero Íbero III, Comisariada por Jiménez Fraile. diciembre Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), El velero ha iniciado un periplo con escala en los puertos de Sevilla, Lisboa, Valencia y Barcelona.

De los 237 hombres que partieron del puerto de Sanlúcar, tan sólo 18 volvieron tres años después; y sólo una de las cinco naves, la Nave Victoria, consiguió completar el viaje. La primera vuelta en el mundo fue un milagro o hay alguna otra explicación?

De las cinco embarcaciones que formaban parte de la expedición, sólo dos (Trinidad y Victoria) consiguieron el archipiélago de las Molucas, que era el objetivo fijado para que allí se encontraban las especies más preciadas de la época: el clavo y la nuez moscada, algo que nos puede parecer hoy banal, pero que en su momento era un absoluto tesoro. Sin embargo, la expedición descubrió mientras que todo el orbe era navegable, gracias a la interconexión entre los océanos Atlántico y Pacífico, y experimentar la inmensidad del océano Pacífico, que representa un tercio de la superficie del planeta . Ahora bien, el jefe de la expedición, Fernando de Magallanes, murió en Filipinas, lo que supuso un vacío de poder. Y es entonces cuando la iniciativa personal, la capacidad de adaptación a las circunstancias y, sobre todo, la manera de enfrentarse a la adversidad y de sacar fuerzas de flaqueza (resiliencia) cobraron toda su importancia.

¿Y cómo se produjo este hecho tan importante?

El capitán del Trinidad decidió atenerse a el plan diseñado previamente y emprender el viaje de regreso por la ruta por la que habían venido, es decir, atravesando el Pacífico en sentido contrario. Esta actitud los llevaría al desastre. En cambio, el capitán de la Nave Victoria, Juan Sebastián Elcano, se adaptó a la situación y tomó la única decisión realista posible: volver a España por una ruta que él no conocía, la ruta portuguesa, cruzando el océano Índico y bordeando la costa africana. Además de desconocido para él, este itinerario representaba enormes dificultades y la probabilidad de ser capturados. Pero asumió estos riesgos y salió adelante consiguiendo uno de los mayores éxitos de la humanidad.

Sólo comparar la hazaña de Elcano con el viaje a la Luna en el Apolo 13.

La decisión de Elcano de contravenir las órdenes marcadas al salir de Sanlúcar fue algo así como cuando los tripulantes del primer viaje a la Luna tomaron el control manual de la nave cuando ésta sobrevolaba la cara oculta del satélite lit, o durante la maniobra de alunizaje, ya que la cápsula se encontraba en un lugar que no era el previsto en los ordenadores de a bordo. Ni la Casa de Contratación al S. XV ni la NASA podían prescindir de la iniciativa personal, que es siempre determinante. Elcano demostró que los descubrimientos dependen muchas veces de no aferrarse a las reglas preestablecidas, basadas en el conocido, sino adaptarse a las circunstancias y dejarse guiar por la intuición y la fuerza de voluntad, excelentes aliadas ante el desconocido.

El Íbero III, un velero que se convierte en aula

Hay alguna similitud entre el Iber III, donde se desarrolla la actividad pedagógica, y las cinco embarcaciones que salieron en la expedición de Magallanes?

El Íbero III es comparable a eslora en la Nave Victoria, la única que volvió de las cinco que partieron. Era una embarcación pequeña, ya que eran otros los que albergaban víveres, ganado y material. Dormían en ella hasta 50 tripulantes como sardinas en lata, cada uno reposando la cabeza a los pies del contrario. Hoy, a diferencia de la Nave Victoria, el Iber III puede ser manejado por sólo dos personas. Está construido y se mueve con tecnología punta, pero el combustible sigue siendo el mismo: el viento. Sencillamente, este barco refleja todo el conocimiento y la experiencia acumulada a lo largo de 500 años de historia de la navegación.

Las visitas, impulsadas por EduCaixa y enfocadas a un público escolar, tienen un doble objetivo: profundizar en la aventura de la primera vuelta en el mundo y poner de relieve los valores de la navegación. Son estos valores y el sentido de aquella aventura aplicables a todos los ámbitos de la vida?

Es precisamente lo que intentamos conseguir con esta actividad. Un viaje es una metáfora de la vida. Sobre todo, cuando se trata de una aventura de ultramar. Así que, por un lado, intentamos mostrar las técnicas náuticas de la S. XVI y profundizar en la aventura de explorar el mundo; y por otro, poner de relieve los valores de la navegación, aplicables a cualquier ámbito: liderazgo, trabajo en equipo, cooperación y responsabilidad, además del respeto hacia los compañeros y predisposición para ayudar ante cualquier circunstancia. Los monitores utilizan material educativo para explicar a los alumnos el contexto histórico en el que tuvo lugar la expedición, la ruta que cubrió y las causas que la motivaron. La lección de vida consiste en comprender que lo que de verdad nos marca es lo que sale de la cotidianidad, lo que nos lleva a conocer el desconocido y crecer como personas.

texto: Amalia Bulnes
Fotografía: Sonia Fraga