La dimisión del consejero de Políticas Sociales, Igualdad y Natalidad de la Comunidad de Madrid, Alberto Reyero, desde Ciudadanos, contribuye a sembrar las sombras de la sospecha sobre el comportamiento que están teniendo algunos dirigentes de esta formación en relación a la crisis desatada tras la Intento de Pedro Sánchez de reclamar la cabeza política de la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso. Por supuesto, Ciudadanos ha mantenido una equidistancia sospechosa que suscita dudas sobre el papel que jugará Ignacio Aguado -incansable en los últimos días en sus llamamientos al consenso y la unidad, cuando el acoso socialcomunista contra el Gobierno regional- será más intenso- en el próximos días. Desde hace meses, la amenaza de un voto de censura contra Ayuso se cierne sobre el gobierno de Madrid, cuyo vicepresidente no se ha caracterizado precisamente por mostrar hacia Ayuso la unidad que ahora exige para solucionar el enfrentamiento con el gobierno socialcomunista. El concepto de unidad empieza por uno mismo y Cs tendrá que explicar con quién está: si con el Gobierno del que forma parte o con los que quieren derrocarlo mediante una estrategia sectaria.

Aguado ha dicho que no dejará de defender que «la unidad, los acuerdos y el respeto a la Ley son la única salida a esta crisis». Impecable, pero, en estas circunstancias, quien ha roto la unidad, los acuerdos y ha bordeado la Ley para cerrar Madrid ha sido Pedro Sánchez.

La renuncia de Alberto Reyero, en el contexto actual, legitima las dudas sobre si su salida abre el camino a otros dirigentes de Cs. El objetivo del socialcomunismo es claro: echar la red en la formación naranja para atrapar al menos a tres diputados. Con eso tendría suficiente para garantizar el apoyo en una posible moción de censura contra Isabel Díaz Ayuso. Ignacio Aguado tiene, por lealtad, que aclarar con quién está Cs. Porque no es momento de equilibrar.