La República Islámica del Irán y Turquía, dos aliados en el concierto internacional, cooperan conjuntamente en su estrategia mediática y de propaganda a nivel internacional; sin duda, una herramienta relevante para poder manipular la opinión pública y favorecer la imagen de ambos países.

Según The Arab Weekly, varios analistas indican que Teherán y Ankara están aprovechando las debilidades de las estrategias de comunicación externa del mundo árabe, causadas por los conflictos entre las agendas de las diferentes naciones.

En este sentido, el miércoles pasado tuvo lugar una reunión telemática entre el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores turco, Hamis Aksavi, y su homólogo iraní, Abbas Musaví, según la agencia de noticias turca Anadolu, que citó a representantes diplomáticos de la nación euroasiática.

Diferentes fuentes indicaron que Hamas Aksavi y Abbas Musaví subrayaron la necesidad de llevar la excelente cooperación entre los dos países al ámbito de los medios de comunicación, añadiendo que ambas partes acordaron reforzar los lazos bilaterales a este respecto y establecer mecanismos para ello. También convinieron en la necesidad de celebrar reuniones consultivas periódicas sobre la cuestión.

Turquía y la República Islámica del Irán comparten intereses en varias cuestiones regionales del Oriente Medio. Uno de ellos es la guerra en el Yemen, donde el régimen de los ayatolás apoya a los rebeldes hutus chiítas que tratan de socavar el gobierno internacionalmente reconocido de Abd Rabbuh Mansur al-Hadi, que cuenta con el apoyo militar de la coalición árabe dirigida por Arabia Saudita, el gran rival regional de Irán y el principal representante de la rama sunita del Islam, en contraposición al chiíta patrocinado por el Estado persa.

Tanto Turquía como Irán tienen vínculos con el partido yemení Al-Islah (Reforma) dominado por la Hermandad Musulmana, una entidad considerada terrorista por varios países occidentales y vinculada al Salafismo (versión radical del Islam). Este lado está orientado a aumentar la inestabilidad, en este caso en el país yemení, y a fomentar la oposición al reino saudí.

Según varios analistas, Turquía y el Irán están desarrollando una campaña mediática para acusar a la coalición árabe de interferir e imponer su hegemonía en el Yemen, con el fin de poner a la nación yemení a su servicio y tomar el control de sus puertos y lugares estratégicos. Esta perspectiva permite a Teherán y Ankara ocultar sus verdaderos programas, que consisten en perpetuar las condiciones de crisis y caos que les permiten establecerse en el Mar Rojo.

La Hermandad Musulmana tiene otro orador importante, a saber, Qatar. La monarquía del Golfo pone mucho esfuerzo de comunicación para dar voz a las personas vinculadas a la Hermandad. Además, Ankara y Teherán han utilizado durante mucho tiempo los medios de comunicación qataríes para desarrollar una campaña contra el reino saudí y sus intereses en el Yemen y en otros lugares.

Pero ahora los dos países han pasado a establecer canales de satélite conectados directamente con ellos o bajo el control de uno de sus representantes, como el canal Al-Mayadeen, propiedad del grupo chiíta libanés Hezbollah, que promueve el expansionismo regional de Irán.

Es precisamente por su músculo financiero y sus recursos que Qatar es el gran financiador de toda esta campaña. El país qatarí tuvo un gran acercamiento con Irán y Turquía como resultado del embargo que le impusieron en 2017 Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Bahrein (que acusó a la monarquía del Golfo de terrorismo transfronterizo), lo que supuso un gran golpe económico para Qatar, que le obligó a buscar aliados cercanos.

Diferentes medios de comunicación y analistas han destacado en muchas ocasiones la injerencia del Irán en los asuntos internos de los Estados vecinos. En esta línea, el Estado iraní utiliza la actividad de las Fuerzas Quds, división internacional de la Guardia Revolucionaria Islámica (cuerpo de élite del ejército iraní), para colaborar con grupos chiítas similares en diferentes países con el fin de defender los intereses persas en estas naciones.

Es el caso del Líbano con el propio Hezbolá, del Yemen con los hutus mencionados, del Iraq con las Fuerzas de Movilización Popular, de Palestina con Hamas o de Siria con las guerrillas afganas de Liwa Fatemiyoun.

Turquía también ha establecido un canal de habla árabe compuesto por profesionales de los medios de comunicación afiliados a la Hermandad Musulmana. Los invitados favoritos de este canal son obviamente personalidades ligadas a la Hermandad Musulmana en varios países árabes, con la intención de interferir en diferentes naciones.

Además, Turquía ha aprovechado los generosos fondos de Qatar para invertir en la expansión de numerosos canales árabes por satélite que emiten desde Turquía y para trabajar en la consecución de los objetivos políticos de Ankara, como si se tratara de canales turcos.

En cambio, hay muy pocos proyectos en el lado árabe para tratar de dirigirse al público iraní y turco en sus idiomas locales. La mayoría de las iniciativas existentes se basan en propuestas personales y carecen de apoyo oficial, a pesar de que están logrando exactamente lo que los instrumentos de los medios de comunicación árabes oficiales no han podido conseguir a pesar de sus enormes recursos financieros y técnicos.

La coordinación bilateral entre Turquía y el Irán para elaborar una estrategia conjunta en materia de medios de comunicación revela que los dirigentes de ambos países han establecido la conquista del espacio de los medios de comunicación y la opinión pública árabes como su principal prioridad; mientras que en los países árabes los medios de comunicación siguen estando fragmentados y centrados en sí mismos, como recuerda The Arab Weekly.

Todo esto puede explicarse por el hecho de que recientemente ha habido un gran acercamiento entre Turquía e Irán. Principalmente, por el acercamiento que el régimen de los ayatolás tuvo con el país presidido por Recep Tayyip Erdogan tras recibir las sanciones políticas y económicas impuestas por los Estados Unidos tras la denuncia del incumplimiento por parte del país iraní de los acuerdos del pacto nuclear firmado en 2015 (JCPOA) que limitaban el programa atómico iraní, sobre todo en materia de armamento. Este embargo, llevado a cabo en 2018 cuando el gobierno de Donald Trump abandonó el PCJPOA, afectó principalmente al petróleo, una fuente importante de financiación iraní, y supuso un duro golpe económico para Irán, que entonces se acercó a Turquía y Qatar en busca de socios internacionales.

Estas tres naciones son acusadas de fomentar la inestabilidad regional y mundial por sus posiciones beligerantes e intervencionistas en diferentes países vecinos. Turquía es muy activa en este sentido al participar en las guerras de Libia y Siria, incluso enviando mercenarios pagados vinculados a grupos que han estado vinculados en el pasado a organizaciones terroristas yihadistas como Daesh y Al-Qaeda, como han señalado diversos medios de comunicación y analistas.

En esta línea, Hossam Zaki, subsecretario general de la Liga de los Estados Árabes, confirmó en una entrevista con Al-Ain News que «las amenazas que Turquía plantea a los asuntos árabes son paralelas a sus peligros con la interferencia iraní». Añadió que «Ankara y Teherán tienen el mismo método desafortunado de tomar medidas enérgicas contra los países árabes que han perdido su capacidad de unirse y están sufriendo crisis importantes, colaborando con partes influyentes en la escena nacional fuera del control del Estado, para lograr sus propósitos regionales».