Es porque surge de una iniciativa, la moción de censura contra Mariano Rajoy, basada en la manipulación de una causa en la que al entonces presidente se le imputaba directamente la responsabilidad de la corrupción del gobierno. Caso Gürtel. Ahora, el Tribunal Supremo ha dictaminado que esta irrupción de Rajoy en la formación de una mafia destinada a engrasar la maquinaria del Partido Popular fue un exceso intolerable firmado por el juez Ricardo de Prada, un magistrado ahora destituido de la Audiencia Nacional (se reincorporará en diciembre) cuya sintonía con la izquierda militante e incluso con Bildu se hizo patente el día que participó en uno de sus actos y afirmó comprender las «causas del conflicto». Me disculpo por recordar a qué conflicto se refirió este juez. Antes del verano concedió una entrevista de masaje al diario del gobierno y allí perpetró dos opiniones igualmente significativas; una, que la Corte Suprema iba a estar de acuerdo con él y la otra, en forma de sugerencia, que Rajoy no dijo la verdad en su audiencia en la Corte Suprema, algo de enorme gravedad porque el expresidente tuvo que expresarse con autenticidad innegociable dada su condición de testigo.

Para ese juicio la izquierda judicial y política no cosió sin hilo. Por ahora, impugnó a los magistrados Concepción Espegel y Enrique López, acusándolos de una relación prácticamente fraudulenta con el PP, que, al menos en el caso del primer juez citado, era rotundamente falsa. Sin embargo, esta siniestra operación evitó que De Prada sufriera la misma suerte. Todo, como en la época de Franco, estaba atado y bien atado. El PSOE de Sánchez, patológicamente ávido de poder, ideó una estrategia para conseguir que los huesos de Rajoy salieran de La Moncloa. En el PP de Génova hubo momentos convulsos y desobedecieron directamente (así está probado) las órdenes del entonces presidente del Gobierno y del partido, que no eran otras que estas: pagar cuanto antes los doscientos mil euros que Según parece acreditar, recibieron de los directivos de Gürtel. Los servicios legales no hicieron caso de esta indicación y este miércoles, curiosamente, la Corte Suprema ha advertido que, si se hubiera producido el reemplazo, la causa no se habría producido.

Y, al mismo tiempo que se diseñaba la arquitectura judicial, se ponía en marcha la política. No está probado que el exlíder de Ciudadanos, Albert Rivera, participó directamente en su construcción, sin embargo, es estrictamente cierto que el detonante oficial de la moción fue una declaración de Rivera tan definitiva y enfática como la siguiente: «Esta legislatura es ya terminó ”. El apoyo decisivo a la moción, el PNV, ahora, tras los últimos hechos, se está filtrando que Ciudadanos ya había acordado con nada menos que con los leninistas de Podemos presentar una moción de censura. Esta confesión de parte es similar a la que hizo hace un par de años el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, a un grupo de periodistas. Dijo en ese momento: «La ciudadanía ya habíamos aceptado la moción, no podíamos quedarnos solos apoyando a Rajoy: lo que es más, le dije esto y añadí: desde su partido me han llamado a fisgonear si después de su dimisión apoyamos a otro candidato del PP, y les dije que no ”. En todo caso, lo que dijo Ortuzar, nada es más seguro que esto: se produjo una amarga discusión dentro del PNV; El propio Ortuzar y el portavoz en Madrid, Aitor Esteban, se pronunciaron en contra de la caída de Rajoy; Fueron el Lehendakari Urkullu y los guipuzcoanos de Eguibar quienes impusieron el derrocamiento.

Ya se puede ver que en la lista de culpables de una moción basada en la manipulación, al menos, de un proceso judicial, había cinco responsables: el juez De Prada, Pedro Sánchez, Albert Rivera, el PNV y los servicios legales del PP. . En este orden. Ahora, no todos acumularon la misma culpa. Si tenemos que buscar al artífice principal de la moción, lo encontraríamos en el citado juez porque, sin su acción, esa moción no podría haber sido defendida en las Cortes. Un párrafo que surgió de la mano siniestra (es decir, izquierda) del juez, sirvió a Sánchez de farsa para expulsar a Rajoy de La Moncloa. El ahora «líder mundial», como se describe a sí mismo en una divertida muestra de egoísmo, antes de subir al estrado, ya había encargado los colchones para la residencia presidencial. Por tanto, y no como mera especulación, debemos concluir afirmando que este gobierno actual, reforzado aún más por un partido leninista que quiere demoler la Constitución, es hijo de esa sesión parlamentaria articulada sobre la insidia del magistrado De Prada. Ahora está a punto de regresar, seguramente Sánchez, como pago por sus servicios, le ha reservado un lugar de privilegio en la dictadura arrolladora que está organizando ladrillo a ladrillo, golpe a golpe.