El diestro sevillano Pablo Aguado ha sido el gran triunfador en el cierre de la Feria del Corpus de Granada cortándole dos orejas a su primer toro, donde embrujó a la gente de la capital granadina con su altiva tauromaquia.

Aguado embrujó a la capital granadina con su excelente toreo, y lo hizo ya en su primero, un toro que se dejó mucho y con el que el tiempo se detuvo en la maravillosa recepción a la verónica que interpretó.

Pero muleta en mano no bajó el diapasón con un obra de bellos pasajes. Todo muy lentamente, muy puro, muy real. Qué bien torea este torero sevillano, que cerró el trabajo con los nativos a sus pies juntos sin estridencias y otras «cosillas», plegables que también eran para paladares exquisitos. Láncese a la primera y a las dos orejas sin discutir.

Fue difícil buscar el detalle en la faena de Aguado al sexto. No se definió del todo en la capa, y no se entregó en la muleta. El vínculo que intentaba el torero carecía de continuidad, armonía y emoción. El toro fue menos y en las mesas se detuvo sin permitir ningún espectáculo.

Manzanares También marcó a buen nivel contra el segundo, un toro que tenía sus llaves y al que Manzanares iba poniendo en la muleta en una faena de poca continuidad, pero de gran mérito por la complejidad del animal, al que acabó golpeando muletas con mucha mano y mano baja. Perdió premio en la suerte suprema.

El quinto fue un sombrero de Daniel Ruiz que tendía a protestar y defenderse ya en la tercera muleta. Manzanares volvió a estar por encima de las circunstancias para realizar una tarea digna y en la que volvieron a haber momentos muy artísticos. No tuvo su tarde con los aceros y volvió a perder su premio.

La tarde no empezó bien. Luego del baile del corral matutino (donde hasta seis toros fueron rechazados en el examen veterinario) el primero pronto regresó a los corrales, dando paso al primero de los dos sombreros, éste del hierro titular. Un toro manso e impotente con el que Morante probó brevemente antes de ir a por la espada.a.

El de Puebla del Río salió dispuesto a que el respetable se olvide del sombrero, y que el cuarto tampoco se lo puso fácil: Sin fuerzas, ni carrera, y crujiendo al bajarse del caballo, presagiaba lo peor, a pesar de que el recibo a Verónica tenía toreo.

Ni siquiera a media altura pudo hacer aguantar al toro. La armonía y la subasta por lotes eran imposibles. Ya sobre tablas y con un toro rajado, Morante hizo el destaque. Arreglo tremendo, detalles sueltos pero muy toreros, incluso con un sabor añejo. Muy por encima del animal. Oído para él.

FICHA FESTIVAL.– Cuatro toros de Hermanos García Jiménez (1º bis -sustituyó a Olga Jiménez- 3º, 4º y 6º), uno de Olga Jiménez (2º), y un sombrero más (5º) de Daniel Ruiz, que sustituyó a otro de Olga Jiménez. Corrida de presentación y juego desigual, destacando el tercero.

Morante de la Puebla, de canela y azabache: dos pinchazos y medio cruzados (silbidos leves);

José María Manzanares, de escarlata y oro: pinchazo profundo en la espalda (ovación); y estocada cruzada y tres descabellos (ovación tras advertencia).

Pablo Aguado, en azul marino y dorado: estocada (dos orejas); jab profundo y estocada (ovación tras advertencia).

En pandillas, Saludaron Manuel Ángel Gómez y Pascual Mellinas tras abanderar el tercero; Manuel Rodríguez «Mambrú» en el quinto; e Iván García y nuevamente Pascual Mellinas en el sexto.

La plaza registró tres cuartos de entrada por encima del 50% de la capacidad permitida.