Uno de los objetivos más perseguidos por la humanidad desde que se estableció la medida estándar del tiempo, es lograr el mecanismo más exacto posible para medirlo. Y hasta la fecha el equipo con la mayor precisión es el reloj atómico o reloj nuclear. Sin embargo, su funcionamiento sigue siendo una tarea difícil de conceptualizar. Dado que las ideas que la mayoría de la población tiene sobre la temporalidad parecen conceptos preestablecidos, que siempre han sido del «dominio público».

La historia de la medición del tiempo atómico es relativamente reciente.. No fue hasta 1879, cuando por primera vez se insinuó la posibilidad de utilizar la vibración de los átomos como referencia para establecer la duración de una unidad temporal. Más de medio siglo después, concretamente en 1949, se construyó el primer prototipo.

Marcha

Un segundo es la medida que se utiliza para marcar el paso del tiempo.. En el caso de los relojes mecánicos, es el intervalo que tarda un péndulo en realizar su recorrido completo. Antes de la aparición del reloj atómico o del reloj nuclear, la referencia válida procedía de los pulsos producidos por el cuarzo en sistemas analógicos o digitales.

La mayoría de los equipos atómicos utilizan 133 átomos de cesio. Dentro de estos relojes este material es ‘bombardeado’ con microondas, lo que produce una vibración visible y perfectamente medible.

Cada una de estas fases de resonancia es equivalente a 9.192.631.770 ciclos de isótopos de cesio 133. Una medida que es exactamente igual a un segundo «convencional». Y aunque cada átomo vibra de forma diferente, todos necesitan el mismo tiempo para completar su giro cíclico..

El ‘nuevo’ reloj atómico o nuclear: cada vez más preciso

Los equipos de medición que utilizan átomos de cesio-133 tienen un margen de error ridículo. Si uno de estos relojes estuviera en funcionamiento desde el origen del planeta, hoy su cambio de fase sería de apenas medio segundo. O lo que es lo mismo retrasarse o adelantarse medio segundo cada 30 mil millones de años.

Pero esto no es suficiente. Durante la década de 2010, un equipo de especialistas del MIT desarrolló una nueva tecnología que utiliza el átomo de iterbio 350 y con una precisión aún más asombrosa. Tu retraso sería de apenas una décima de segundo, en el caso de que estuviera en funcionamiento desde la génesis de la vida terrestre.

Para qué sirve

Estos equipos buscan la máxima precisión para mejorar sistemas como la navegación y la geolocalización. La suma de varios de estos equipos distribuidos a nivel mundial, tanto en tierra como en satélites, es lo que nos permite establecer la hora del reloj maestro GPS.